Abres
El mapa de tu comarca, latiendo. No hay que registrarse ni instalar nada.
DondeSeCuece te dice dónde hay vida ahora mismo: qué bar tiene pulso, qué playa está animada, qué concierto ha arrancado. Lo abres y lo ves. No hay registro, no hay cuenta y no hay nada tuyo que guardar.
Casi todo lo gratis de internet se paga con tus datos. Aquí no, y no por bondad: es que no los queremos. Un radar de ambiente funciona mejor cuanto menos sabe de ti, porque lo que mide no eres tú — es el sitio.
Quien paga es quien saca partido profesional: el local que quiere aparecer cuando tiene algo que ofrecer, el ayuntamiento que necesita saber cómo se mueve su pueblo. La gente que sale, nunca.
Para mirar. Siempre.
Datos que pedimos para entrar.
Ninguna lectura sobrevive media hora. No hay archivo, no hay histórico, no hay «tu año en DondeSeCuece». Lo que pasó ayer a las once ya no existe en ninguna parte.
Muchas apps prometen guardar tus datos con mucho cuidado. Nosotros hacemos una promesa distinta y más fácil de cumplir: no los tenemos.
No hay correo, ni teléfono, ni usuario, ni «entra con Google». No hay perfil que rellenar ni permiso que conceder. Lo que no existe no se puede filtrar, ni vender, ni entregar a nadie que lo pida con un papel.
Sin tutorial, sin onboarding, sin cinco pantallas de permisos. Está pensado para usarse de pie, con una mano y con prisa.
El mapa de tu comarca, latiendo. No hay que registrarse ni instalar nada.
Los sitios con ambiente se encienden. Los que no tienen dato se quedan en gris.
Tocas uno y ves su pulso, qué hay hoy allí y cómo llegar.
Cierras y te vas. La app no quiere quedarse contigo: quiere devolverte a la calle.
Un vistazo al radar funcionando, sin filtros ni promesas.
Un mapa de ocio que siempre está bonito y siempre está lleno es un mapa que se lo está inventando. El nuestro enseña en gris todo lo que no puede medir, y lo dice con esas palabras: «sin datos aún».
Además cuenta de dónde sale cada lectura: si es medición propia de un sensor nuestro en el sitio, si viene de señales de la red que ya son públicas, o si es una mezcla de las dos. Y siempre, de hace cuánto.
Una caja del tamaño de un mechero. Se llama FervoRadar, se enchufa a la corriente en un local, una plaza o una verbena y hace una sola cosa: estimar cuántos dispositivos hay cerca. No pide permiso a ninguno, no guarda su identificador y no lo puede seguir de un sitio a otro.
Lo que sale de él y viaja al radar es un número: «aquí hay este ambiente, medido hace dos minutos». Ni una identidad, ni una trayectoria, ni una cara.
Sin obras, sin cableado y sin tocar el WiFi del local.
No es que borremos la identidad: es que nunca llega a existir.
Por debajo de un mínimo de dispositivos no publicamos cifra. Con cuatro personas en un bar, un número exacto empieza a hablar de personas concretas — así que ahí decimos «tranquilo» y punto.
Cuando muchos sitios laten a la vez durante meses, aparece algo que antes no existía: el patrón real de una comarca. A qué hora arranca de verdad un jueves de agosto. Cuánto adelanta la gente la cena cuando sopla poniente. Qué calle se vacía cuando abre la de al lado. Eso ya no son datos personales: es geografía.
Cómo late tu sitio hora a hora y día a día, comparado con su zona.
Con histórico agregado y meteorología, una estimación de cómo vendrá la tarde.
Dónde se concentra la gente en fiestas, y hacia dónde se podría repartir.
Aparece en la pantalla de quien está decidiendo dónde ir, y descubre a qué hora te conviene de verdad poner música en directo.
Ver la propuesta → 🎤Tu bolo, delante de quien está en la zona y busca plan — no solo delante de quien ya te sigue en redes.
Ver la propuesta → 🏛️Ayuntamientos, turismo, fiestas, asociaciones y agendas culturales: publicar lo que organizáis y, por fin, medir si funcionó.
Ver la propuesta →Al lado del ambiente en vivo hay una agenda que llenan quienes hacen que las cosas pasen: locales, artistas, ayuntamientos y asociaciones. Publican ellos, con su clave, y aparece al instante.
Durante el piloto, publicar es gratis para todos.
No hace falta que te fíes de esta página. Está en la calle, funcionando, en La Safor y la Marina Alta.